Sentimientos que no pueden ser expresados de otra manera que no sea escrita, silencios que son plasmados en letras, pensamientos que la voz no merece narrar. No esperen de mi más que sinceridad en mis palabras, palabras basadas en experiencias, experiencias que servirán de enseñanza, enseñanza que dará consejo, consejo que se guardará en algún corazón. Ahora, respecto a la url de mi blog, solo me queda decir que un café sin azúcar describe perfectamente lo que es la vida, tal vez tenga un toque de amargura, pero en sí, es perfecto.
Por cierto, cada escrito tiene un toque de ficción, un toque de ilusión, un toque de exageración, y una muy pequeña pizca de locura.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Lloras desconsoladamente en medio del silencio de la noche, no puedes dejar de pensar en tus problemas, en tus fracasos, en todo aquello que te agobia, por insignificante que sea, hasta que, sin saber cómo, logras conciliar el sueño.

Te despiertas con los ojos rojos y desgastados a causa de tus lágrimas y te das cuenta de lo absurdo que fue llorar la noche anterior, de todas las cosas buenas que hay en tu vida y del futuro que tienes por delante.

Tienes un buen día, tienes comida, tienes vivienda, tienes estudio, tienes una familia y amigos que, a pesar de las dificultades, están contigo y te aman por lo que eres, te olvidas de tus problemas, de los fantasmas que te abruman y te ríes a carcajadas, valoras tanto todo que por unas horas te sientes la persona más feliz y afortunada que puede existir.

Pasan varios días, a veces incluso semanas, llenas de gozo y felicidad, son tantos los buenos momentos que pueden volver ínfimas las preocupaciones. Todo está bien, o al menos eso quieres creer, estás tan ocupado tratando de ser feliz que no te permites estar triste, tan ocupado aparentando que todo esta bien que escondes, incluso para ti mismo, todo aquello que te atosiga.

Y en una noche oscura y fría, donde la soledad te atrapa, hasta el murmullo del viento desata de nuevo un mar de tristeza en tu alma, la caja en la que ocultaste tus pesares se siente tan saturada que no le queda más remedio que explotar, cubriendo de lagrimas tu almohada.  – Qué me pasa?– te preguntas – ¿cómo es posible que el simple murmullo del viento a través de mi ventana me haga sufrir así?– y es entonces cuando poco a poco vienen a tu mente los recuerdos que te abruman, aquellos que se instalaron hace poco tiempo y aquellos demonios del pasado que no has podido callar y a quienes solo has logrado evadir. Te desmoronas pensando en todos los bellos momentos que has tenido y las maravillosas personas que has conocido y te preguntas para qué tanta felicidad si al final sigues siendo el ser despreciable y miserable que sientes que eres, te torturas de nuevo con tus pensamientos hasta lograrte dormir.

De nuevo vienen tiempos de calma, todo se apacigua, todo mejora, pero siempre sabrás, en el fondo de tu ser, que un leve viento en la madrugada puede despertar aquellas sombras que te atormentan y al final de aquellos días, a pesar de ser consciente de todo lo bueno, las lágrimas vuelven a brotar y la tormenta nocturna acontece de nuevo. 

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